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Historia

 

APUNTES HISTÓRICOS SOBRE LA PRODUCCIÓN VINÍCOLA EN LA COMARCA DE GÜIMAR

1

Octavio Rodríguez Delgado

(Cronista Oficial de Güímar y Candelaria)

El Valle de Güímar siempre ha ocupado un lugar destacado en la producción vinícola tinerfeña, por lo que tiene muy arraigada en sus tradiciones la cultura del vino, hasta el punto de hacer popular una copla, que bien merece una justificación histórica:

Tierra de Dios la de Güímar
donde el vino no se embarca
pues por mucho que se produzca
entre los suyos se gasta.

El comienzo y el auge de la viticultura

La historia de los vinos en el Sureste de Tenerife ha corrido paralela a la del resto de la isla, pues inmediatamente después de la conquista el cultivo de la vid, como el de todos los productos considerados de primera necesidad, comenzó a implantarse en todos los pueblos, fundamentalmente para el consumo local. Su producción solía llevar aparejada la de frutales y hortalizas, intercalados o en parcelas contiguas; la documentación cita esta simbiosis de cultivos bajo el término de “parral y huerta”. En las zonas más ricas en agua el cultivo de la viña convivió con el de la caña de azúcar, como ocurrió en el Valle de Güímar.

En febrero de 1500 don Alonso Fernández de Lugo entregó en repartimiento a Blasino Inglesco de Piombino y a su hermano Juan Felipe extensas tierras y aguas en este Valle, para que en un plazo de cuatro años edificasen un ingenio. Las obras de éste comenzaron inmediatamente, pues en 1504 la construcción ya había finalizado, cumpliendo los plazos que se le habían señalado en la data. Pero las tierras no sólo fueron dedicadas al cultivo de la caña de azúcar sino también se reservaron importantes superficies para el cultivo de la vid, de modo que en 1507, en la documentación referida a este ingenio, se especificaba que existían tierras dedicadas a cañas y viñas.

Ambos productos, hacia la mitad de dicho siglo, alcanzaban notorio relieve en las exportaciones, pero luego comenzaron a proliferar los contratos con la obligación de plantar viña, primer síntoma de la sustitución del cultivo de la caña de azúcar por el de la vid. A finales de la misma centuria, durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, los vinos canarios ya gozaban de amplia popularidad en los países noroccidentales de Europa y plazas comerciales de América.

La época de esplendor del vino

Tras la destrucción de los mejores cultivos de caña como consecuencia de la erupción volcánica de 1705 en la cumbre de este Valle, a mediados de dicho siglo se implantó a gran escala el cultivo de la vid, que prosperó con tal éxito que Güímar triplicó rápidamente su riqueza y su población. Parecido fenómeno ocurrió en los pueblos limítrofes de Arafo y Candelaria, por lo que según un padrón vecinal de 1779, en el pueblo de Candelaria vivían dos viñateros, mientras que una mujer vendía “vino y aguardiente”; el vecino más acomodado de la cabecera municipal cogía “dies pipas de vino”; pero en Las Cuevecitas, un vecino encerraba 12 pipas de vino; en Araya, otro cogía 10 pipas; en Igueste, dos vecinos estaban dedicados a “comprar mostos” y otro encerraba 40 pipas de vino, el récord del término; mientras que en Barranco Hondo la vecina más acomodada solo cogía 4 pipas de vino; y en Arafo, que aún pertenecía por entonces al municipio de Candelaria, dos de los vecinos más acomodados recogían 25 pipas de vino, cada uno, y en él estaban empadronados dos oficiales de tonelero y un aprendiz de dicho oficio, además de una mujer que “vende vino y aguardiente”, tarea en la que le ayudaban tres de sus hijas.

Asimismo, en el informe que en 1780 redactó el comandante general de Canarias, señalaba que en el Valle de Güímar el valor de sus vinos y aguardientes rendía anualmente 50 mil pesos; y que en el puerto del Pocillo Santo de Candelaria se embarcaban, entre otros productos, los vinos del valle. Ya por entonces destacaba la producción vinícola de los tres pueblos de este Valle, sobresaliendo la producción de las fincas de La Granja, en Arafo, propiedad de los frailes dominicos de Candelaria, Chivisaya, en la cumbre de Candelaria, y las haciendas de Araya y La Mesa, ese mismo término; en todas ellas existían amplias superficies cultivadas de viñedos, con sus correspondientes bodegas y lagares, que exportaban su producción por el mencionado puerto de Candelaria. También comenzaban a destacar los viñedos cultivados en las fincas de Las Dehesas y Los Pelados, en los altos de Güímar.

A finales de esa misma centuria el vino constituía el primer producto de la producción agrícola de los tres pueblos del Valle, tal como recogió la Estadística de Escolar y Serrano (1793-1806). Según ésta, el primer producto de la producción agrícola de Candelaria era el vino, con 500 pipas y un importe total de 187.500 reales de vellón, que en su mayor parte se consumía en el pueblo, exportándose algo a Santa Cruz y La Laguna; de las 4.700 fanegadas dedicadas al cultivo, 1.566 correspondían a viñas; 900 arrobas de leña gruesa consumían las cinco alquitaras de la localidad, donde se quemaban vinos por espacio de 4 meses, consumiendo cada una 6 arrobas diarias; y existían por entonces cinco tabernas en la localidad. Por su parte, la máxima producción agrícola de Arafo correspondía al vino común blanco, con 550 pipas y un importe total de 247.500 rs. vn.; entre los oficios figuraba por entonces un tonelero. Con respecto a Güímar, el primer producto de la producción agrícola era el vino común blanco, con 1.200 pipas y un importe total de 720.000 rs. vn.; era por entonces el máximo productor de todo el Sur de Tenerife; las viñas se cultivaban en las tierras de primera y segunda calidad; en las de segunda se obtenía una producción de 2 pipas de vino por fanegada; existían 12 alquitaras, donde se destilaban 100 pipas de aguardiente (a 1.800 reales), 3 toneleros y 20 tabernas.

La decadencia de la producción vinícola

Aunque las diferentes contiendas y pactos europeos venían repercutiendo, por lo general negativamente, en el mercado vinícola canario, lo mismo que los movimientos de emancipación americana, a lo largo del siglo XIX, el vino continuó siendo uno de los principales productos del Valle. Así, Bory de Saint-Vincent (1803) destacaba que en la jurisdicción de Güímar: “se produce un excelente vino”; mientras que Francis Coleman Mac-Gregor (1831) decía del Valle de Güímar que en él, “sobre todo, se cosecha vino”; y Madoz (1845-1850) informaba de que en la producción de los tres municipio de este Valle destacaba la de vino. No obstante, en un artículo del periódico La Aurora publicado en 1848 ya se destacaba su decadencia, pues en el camino entre Candelaria y Güímar, donde el autor recordaba “haber visto trece años antes espléndidos viñedos”, ahora solo se veían “cardones y matorrales”, y explicaba la causa: “Supimos después que por la escasez de lluvias se habían secado todas las parras, cambiándose en tres ó cuatro años la faz de una florida campiña en un asolado desierto”.

Pero a la decadencia del comercio de vinos se sumaron las plagas de oídium a partir de 1852 y de mildiu en 1878, con lo que casi desapareció la producción y exportación de los vinos canarios y, prácticamente, la producción quedó restringida desde entonces al consumo local. No obstante, hacia 1870 el francés José Desiré Dugour destacaba que en algunos de los pagos de Candelaria, sobre todo en Igueste, aún “se hallan buenos cultivos de viñas”. René Verneau (1891) afirmaba que Arafo era “célebre por su vino blanco”. En la misma línea, Puerta Canseco (1897) definía a este pueblo como: “agradable población abundante en viñedos”. Asimismo, Cipriano de Arribas y Sánchez (1900) decía que Arafo contaba con “buenos viñedos” y que Güímar producía “mosto”. Carmelo Z. Zumbado (1905) señalaba que los tres municipios del Valle producían “vinos”. Juan López Soler (1906) destacaba que en el paisaje del Valle llamaban la atención las viñas, pues “la vid se intercala entre el perenne verdor de esos vegetales que la naturaleza nunca los despoja de sus hojas”; que en Candelaria “se elabora algo de vino”; que en Arafo “su principal producción es el vino, siendo muy apreciado en toda esta comarca un vino muy ligero conocido con el nombre de «aguapie»”; y en Güímar, los terrenos bien cultivados “producen vino”. El ABC de las Islas Canarias (1913) también destacaba que Arafo era “muy productivo en vinos”, mientras que en Güímar “sus vinos son igualmente muy apreciados, especialmente los llamados «blancos»”.

Así continuó la situación hasta los años sesenta del siglo XX, en los que con el boom de la construcción y el desarrollo turístico del Sur de Tenerife fue pasando a un segundo plano la tradicional actividad agrícola, que hasta entonces había constituido la principal fuente de riqueza de esta amplia comarca, junto con la ganadería y la pesca. Por ello, a partir de esa década, en la mayoría de los municipios de esta vertiente de la isla, la producción vinícola quedó prácticamente restringida al autoconsumo, plantándose los viñedos “en los bordes de las huertas de labor”.

La recuperación de la viticultura y la denominación de origen

Afortunadamente, en las últimas décadas la producción vinícola local ha sufrido un claro revulsivo. En 1989, 15 viticultores del Valle de Güímar se asociaron y decidieron formar la S.A.T. Viticultores de la Comarca de Güímar, con el objetivo de elaborar un vino embotellado, por primera vez en este Valle; al no disponer de bodega propia arrendaron un salón de reducidas dimensiones en el barrio de Chacona (en Güímar), en el que comenzaron a elaborar y embotellar hasta 1996, en que finalizaron las obras de construcción de la bodega comarcal, situada en el municipio de Arafo. Simultáneamente, en el año 1992 la mayoría de los cosecheros y bodegueros del Valle se asociaron, con la inquietud de implantar en esta comarca sistemas modernos de transformación y establecer procesos de control y calidad.

En 1994, la Consejería de Agricultura y Alimentación reconoció con carácter provisional la Denominación de Origen “Valle de Güímar”, cuyo reconocimiento definitivo se consiguió al año siguiente, a la vez que se aprobó su reglamento. Luego, en 1996, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ratificó dicha Denominación, así como su reglamento y su Consejo Regulador, con sede en Güímar. Finalmente, tras la adaptación a un nuevo régimen jurídico, en 2010 se aprobó el actual reglamento de la Denominación de Origen de Vinos “Valle de Güímar”, que comprende a los municipios de Güímar, Arafo y Candelaria. Además, en 2004 se instaló en Güímar el Laboratorio Insular de Vinos de Tenerife (Livite), dependiente del Cabildo.

Como resultado de estas iniciativas, ahora se producen y embotellan en esta comarca vinos blancos, rosados y tintos, así como el primer vino espumoso de Canarias, cuya buena calidad es continuamente reconocida, al recibir premios en casi todos los concursos en los que participan.

Aún queda por delante mucha tarea por hacer, pero el futuro de los vinos de este Valle y comarca parece estar asegurado y en buenas manos, por lo que su futuro es halagüeño y, sin duda, esta comarca continuará produciendo, en cantidad y calidad, los caldos que tanta fama le han dado.

“habéis de hacer un lagar de madera de tea a vuestra costa, que quepa en la bota y media de vino mosto”.